21 de marzo de 2006

Todo es cancha.



Que buena película es "Capote".

En el nombre del hijo.

La gente de Greenpeace, encumbrándose en las alas (o más bien, en los brazos) del marketing de alto impacto.

20 de marzo de 2006

La canción del mes.



Goldfrapp tocando en vivo "Ooh la la", nuestra canción del mes, en el show de Jay Leno (muy hinchadito de rostro él), la semana pasada.

"Creme de la creme...."


Podría decir aqui que he visto el futuro del rock chileno, y se llama Gepe. No me arrepentiría. Pero si a eso le agregamos una rarísima oportunidad de ver a Barco, el nuevo proyecto de Rodrigo Santis -guitarra de Congelador - la cosa toma ribetes cult.

Lo más interesante que ha salido en rock chileno en lo que va de la década en una sola tocata.

13 de marzo de 2006

deadairspace


http://www.radiohead.com/deadairspace/

(...Radiohead, grabando su nuevo disco)

10 de marzo de 2006

Sur profundo.


Foto de los Andes Patagónicos, tomada ayer a las 12.20PM, con mi Sony Ericsson K300i, desde una Van en movimiento, en el camino entre Balmaceda y Coyhaique.

1 de marzo de 2006

Los Prisioneros: Primeros días.



Debe ser la edad. Pero últimamente no puedo evitar quedarme pegado con algunas cosas.

Por ejemplo, no puedo dejar de pensar en el fin para el largo epílogo/bonus track de la historia de Los Prisioneros. Personalmente, como "estudioso" del tema (sic), tengo claro que Los Prisioneros se acabaron el día que pisaron por primera vez el escenario instalado en el Estadio Nacional para el primero de esos dos históricos conciertos. Esa noche se cerró un ciclo, por decirlo de alguna forma, kármico.
Pero aún así, siento un dejo de nostalgia por los simbolismos. Por la manera en que historias fascinantes como ésta, nacen puras y se marchitan hasta morir engangrenadas por su propia (y lógica) corrupción.

Confieso que hace algún tiempo me prometí no volver a hablar de Jorge, Claudio y Miguel, mientras el muerto aún agonizara. Lo conversé largamente con Claudio en diciembre pasado. Es tan fácil decir pelotudeces en la prensa. Y gracias a la contención oportuna de mi mujer me salvé de más de un titular en La Cuarta o en LUN, justo al lado de la cloaca de alguna putita de moda.

Hoy es distinto.
Les dejo aquí un extracto muy bonito, que es parte del libro "Exijo ser un héroe: La historia (real) de Los Prisioneros" (Editorial Aguilar, 2002), que comencé a escribir el año 1998, con la interesantísima ayuda del círculo interior del grupo y los principales involucrados de la época, incluyendo (por cierto) la de los mismos músicos.
Ojo con la foto de laprimera tocata de Los Prisioneros, que es una joyita de memorabilia pop (igual que la del post anterior). Si noto interés, prometo algunos trozos inéditos de entrevistas, mas material gráfico... y algún documento en audio.

Jorge González:
"No se como aprendí a hacer canciones en realidad, porque nunca había tenido relación con alguien que hiciera canciones. No sé como lo hice, eso es un misterio para mí... no sé cómo lo aprendí a hacer, pero desde que lo empecé a hacer me ha salido bastante fácil, y me ha salido bien".

Miguel Tapia:
"Yo creo que mi influencia más fuerte, inconsciente, es de Ringo Starr (...) Mi estilo musical de tocar, lo encuentro súper claro, porque siempre me importó, desde la primera vez hasta ahora, que la batería sea parte de un todo, no que el baterista quiera destacar, sino que la batería sea parte de todo el tema y que lleve todo para adelante (...) y yo creo que eso es totalmente inconsciente de la forma de tocar de Ringo Starr.

"Mi influencia intencional es de Topper Headon, de The Clash, el huevón es excelente baterista".
"(...)Yo vivía entre Gran Avenida y Panamericana, por Departamental. Vivía a dos cuadras de Claudio y a 9 o 10 cuadras de Jorge. Con Claudio, muchas veces nos juntamos en el paradero en las mañanas cuando íbamos al colegio...las micros once y medio. Con Claudio éramos bien amigos, pero siempre había más onda con Jorge... conversábamos de todo. Estábamos todo el día juntos, estudiábamos juntos, nos íbamos a almorzar y después nos volvamos a juntar, a puro hueviar".

"Tengo la imagen (de) cuando enganché con Jorge en un recreo. El hablaba del Sargeant Pepper's (Lonely Heart Club Band) y yo me metí y lo corregí que ese disco era de Los Beatles y no de los Bee Gee’s. Eso fue en el tercer piso del liceo, en el balcón del tercer piso. Ese fue el primer contacto con Jorge".

González:
"Yo empecé a hacer música, porque escuchaba mucha música, porque en mi casa escuchaban mucha música. Pero también yo tenía unos ataques grossos de asma. Yo nunca le conté a mis papás que tenía asma. No sé por qué, y todavía no entiendo cómo es posible que no les haya dicho... entonces, (...) me di cuenta pronto que la manera que se me pasaba eso, era poniendo la radio. Ponía la radio, escuchaba música, me empezaba a concentrar en la música y se me pasaba".

"Yo creo que tengo un poco de la sensación de que la música me sana... (desde los) once o doce años".

"(...)El momento que ya marcó que éramos un grupo en serio, que ya no nos podíamos echar pa’ trás, fue cuando la hermana de Miguel le regaló una batería, consiguió un préstamo y le regaló una batería usada, de cumbia..."

Tapia:
"(...)Conversábamos todo. Eramos amigos. No en la última época. Entre todo, éramos gente que pensaba cosas y eso es lo que Jorge concretaba en las letras, pero de Claudio no me acuerdo (mucho)..."

"Cuando Claudio entró (al grupo) nos peleamos por una tontera. Yo me puse a llorar porque me sentí súper desilusionado y yo era bien leal. Tocando con Los Vinchukas estábamos juntando plata (el 82’ o el 83’ creo), Rodrigo la guardaba y en ese momento necesitábamos un pedal de bombo, porque el que teníamos era hechizo, hecho con una pelota de golf. Con Jorge íbamos a comprar un pedal, para la batería que me había regalado mi hermana, pero al final los Beltrán (Rodrigo y Alvaro) no quisieron pasar esa plata y Claudio se fue para el lado de ellos. Yo me sentí muy mal, ellos querían gastar la plata en otra huevá".
"Después de la separación y pelea con Claudio, empezamos a tocar con un vecino de Jorge, pero él tocaba puras canciones de Police y nos aburríamos. No pasó nada, de hecho él se fue solo, no había onda. El era otra onda, más canchero, pinta monos".

"No me acuerdo cuando retomamos el cuento con Claudio, parece que él llegó solo después, y Alvaro Beltrán nunca más funcó".

González:
"Cuando Claudio se fue (fines del 82’), empezamos a trabajar juntos con Miguel, y cuando estábamos solos salió Quién mató a Marilyn que es la canción más antigua de las que quedó en La voz de los '80. Como que el primer tema oficial de Los Prisioneros (...) Paramar salió también de esa época.


"(...) Fue en el liceo 6, en agosto del 82, en la sala de actos y no sé con qué motivo tocamos...(...) pero yo me acuerdo que el bajo estaba amplificado por un equipo casero, un equipo tres en uno y la guitarra es muy posible que también , pero había un amplificador de guitarra. El bajo era esa guitarra que me había regalado un amigo y yo le había puesto cuerdas gruesas, una guitarra roja, que yo le tuve que poner la cápsula, arreglarla y le puse unas cuerdas de un juego que era auspiciado por Al DiMeola,el gran guitarrista. Cuerdas que usaba Al Di Meola....

Tapia
"Y yo toqué con batería roja".

González:
"Las voces estaban amplificadas por un equipo casero eso me acuerdo ¡y sonaban! ... La primera vez que tocamos juntos fue esa vez. Tocamos un par de temas originales y unos covers. (Uno de esos era) Should I stay or should I go, pero en español y lo cantaba Miguel".

Tapia
"(También) tocamos King Kong, el mono y Orgullo".

González
"Esa es la primera canción que yo hice (Orgullo) ... a la Sandra una polola que tenía cuando tenía 15 años... que me costo “n” echar de menos, me pasa “n” con las pololas".

"El bajo fue lo primero que se me ocurrió, yo no sabía mucha guitarra y las partes de la armonía lo hice con las tres cuerdas más delgadas de la guitarra. (...) Al comienzo, yo tocaba guitarra con esas cuerdas no más, porque no me daba para hacer las posturas enteras. El bajo lo hacía en el piano... la letra nunca me convenció mucho pero la música era buena. Miguel en la batería, Claudio en la guitarra, Alvaro Beltrán en la guitarra y yo en el bajo".
"El colegio Miguel León Prado hizo un festival y nosotros tocamos ahí también (...) tocamos Paramar me acuerdo, porque ya la teníamos, tocamos Marilyn también. Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos también la teníamos. (...) Eso a fue a comienzos del 83’. (También) tocamos Me importas más de lo que piensas, tema que se perdió en la noche de los tiempos, que era bien bueno. Policías y ladrones también".

28 de febrero de 2006

El futuro no es ninguno.


Reproduzco aquí la notable crónica aparecida en La Nación Domingo (http://www.lnd.cl), acerca del fin definitivo de Los Prisioneros en Venezuela.

El último baile

La banda de San Miguel exhaló su último aliento en Caracas, y LCD conversó con los testigos de la muerte: la gerencia de la organización, un periodista fanático y Marcos González, hermano y manager del maldito sudaca. Olvide por un momento a Marilyn, ¿quién mató a Los Prisioneros?

Nación Domingo
Ernesto Bustos B / Marcos Moraga Lovera


Todavía no se extinguían los últimos acordes de Tren al sur cuando Jorge González abandonaba el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, tras casi una hora de concierto. Rápidamente se dirigió en una van al hotel, ubicado a unos ocho kilómetros del local, mientras sus compañeros de banda, Miguel Tapia y Sergio “Coti” Badilla, permanecían en camerinos. “Tapia estaba como yo: a boca abierta”, cuenta Hassan Sleiman, gerente de operaciones de Onlyticket, la empresa venezolana que organizó el último concierto, que cerró casi definitivamente la carrera de los sanmiguelinos.
El público partió pidiendo a los “¡Prisioneros, Prisioneros!”, pero a esas alturas ya coreaban “¡traicioneros, traicioneros!”. El Aula Magna hervía, y Ahmed Sleihman, gerente general de Onlyticket, temía por la seguridad del recinto, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, mientras trataba de explicarle al rector de la Universidad que el evento estaba bajo control y mantenía los equipos listos para el segundo bis.
A esa misma hora, Sleiman intentaba convencer a Jorge González para que volviera a la universidad, pese a que contractualmente todo estaba en orden: la banda había tocado exactamente los catorce temas estipulados en el acuerdo. Pero de eso nada sabía el público, y como explica Ahmed Hassan, “estaban eufóricos”. Marcos González, hermano de Jorge y mánager de Los Prisioneros, marcaba una y otra vez el número del chofer de la van, pero no pudo contactar al líder del grupo sino hasta que llegó a su hotel. “Jorge dijo: ‘bueno, me devuelvo’ y tomó un taxi de la calle, pero el taxista no sabía llegar. Luego entró por la puerta del público”. Habían pasado cuarenta minutos.
González ingresó por el acceso general del recinto, recorrió un largo pasillo, bajó una escalera y subió al escenario. Lo acompañaba Ahmed, de la organización, hacia quien se abalanzó el público pidiendo explicaciones. Según Luis Villapol, periodista del diario “El Mundo” de Caracas que cubrió el concierto, “Jorge González adoptó una actitud desafiante hacia el público. En ningún momento interactuó con la gente y sólo lanzó un frío gracias. Como que le daba lo mismo cumplir el contrato y la reacción de sus seguidores”.
Y el relato de Villapol continúa. “Marcos González mandó a callar al público, que se sentaran, que el recinto era Patrimonio de la Humanidad y que Los Prisioneros volverían en cinco minutos”. Aquí es donde comienzan las contradicciones. Marcos González niega que se haya producido un enfrentamiento entre su hermano y el auditorio venezolano, y que todo es una “fábula del señor periodista de “El Mercurio” y “La Tercera”. Para demostrarlo, ya encargó a la productora Onlyticket que le enviaran la grabación del concierto.
Sin la presencia de Tapia y Badilla sobre el escenario, el artista -acompañado de una guitarra electroacústica y a capella- interpretó versiones resumidas de Amiga mía, Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos y repitió Tren al sur. “Les advierto que no tenemos más canciones”, dijo el líder de la banda, según el relato de Luis Villapol. Cae el telón y los fanáticos se retiran indignados, y según cuenta Ahmed Hassan, “hasta destruyeron unas butacas, haciéndoles cortes con cuchillo”.

¿Quieres una primicia?

La última vez que Los Prisioneros habían tocado en Caracas fue en 1991 y en octubre de ese año Jorge González anunciaba que la banda se disolvía. El sábado pasado, ésta regresaba a la capital venezolana después de 15 años para ofrecer, según la propia confesión de Miguel Tapia al diario “El Mundo” de la capital venezolana, su última presentación antes de separarse definitivamente.
Después del bochorno que significó para Onlyticket obligar a Jorge González a finalizar el show que había sido acordado, nuevamente el líder de la banda desapareció. En los camarines sólo quedaron Coti Badilla (guitarrista) y Miguel Tapia. Se veían cansados, pero el baterista fue más allá y decidió hablar. “’Villapol’, dijo, ‘tú quieres una exclusiva’. Y yo le digo ‘claro’. ‘Bueno, la banda se disolvió, nuestro último concierto es éste, en Venezuela, pero no fue decidido acá’”, explicó el periodista. Según la propia confesión de Tapia al profesional, estando en Chile (el 3 de febrero pasado en el festival de La Serena) la decisión de terminar con Los Prisioneros ya estaba tomada. El baterista dijo que habían muchas diferencias a nivel musical y que volvería a retomar su proyecto musical con Coti Badilla, el tercer miembro de la banda. La información la confirma Marcos González: “las giras desgastan y es mejor terminar en alto que en baja. Teníamos solicitudes en Ecuador, Estados Unidos, Perú y hasta Suecia. Las cosas tienen un tiempo, una decantación, y este es el momento de empezar a tomar otro rumbo”.
Los hermanos Sleiman, sin embargo, no se enteraron hasta el otro día. Ya en el aeropuerto, Hassan relata que Tapia le explicó que el grupo estaba disuelto. “Eso me dejó más consternado. Pienso que si tenían problemas entre ellos, no tenía que haberla pagado el público”. Pero el mánager de los rockeros chilenos está en desacuerdo con atribuirle a Los Prisioneros la responsabilidad de la frustración desatada en el concierto. “Por contrato teníamos un precio de 80 mil bolívares y ahí me enteré que estaban cobrando la entrada más cara a 100 dólares, o sea 230 mil bolívares. Así que si pagas eso, esperas un show de tres horas, y en ese sentido ellos tendrán razón de decir: nos estafaron”.
Una muerte anunciada
Otro factor que habría gatillado el fin, hasta ahora definitivo, de la banda es la influencia de Loreto Otero, la esposa de Jorge González, en las decisiones del grupo. “Miguel me confirmó que ella tenía que ver en la separación. No dio muchos detalles, pero dijo que esa mujer era una vaina bien seria”.
De lo que hablaba Tapia era de la forma en que fue comunicada la disolución. Loreto Otero asumió las relaciones públicas de Los Prisioneros post-Narea, y había cultivado una relación muy cercana con la fanaticada latinoamericana. Tanto que consideró pertinente hacerles saber, con meses de anticipación, que la banda no iba más después de febrero. “Miguel se sintió un poco pasado a llevar por eso, pero yo entiendo a Loreto, porque ella mantenía el contacto de Los Prisioneros con los fan y les teníamos tanto respeto que podíamos intimar cosas tan importantes como ésta. Tapia no lo entendió así; pensó que a lo mejor debería haberlo hecho él con Jorge”, explica Marcos González.
Pero en la segunda despedida del icono ochentero, todavía hay cosas que no cuadran. Hassan Sleiman, de Onlyticket, sostiene que el pasado jueves recibió una llamada de Marcos González explicándole que este no es un quiebre definitivo y que la banda se volvería a reagrupar luego de un descanso. Marcos González no lo niega (“Esta no es una pelea como las diferencias de trabajo que había entre Claudio Narea y los Prisioneros: cuando uno se separa en buena onda no tiene por qué no existir más adelante una situación de reencuentro”), pero para la organización de Onlyticket, algo huele a estrategia de marketing. Así lo expresó Ahmed Sleiman en su último consejo para los sanmiguelinos: “El que se pone con divismos pierde en este mercado, si tú vas a hacer eso (separarse), lo haces en otras naciones, y si lo vas a hacer a nivel propagandístico, bueno, lo harás. Pero aquí, se joden ¿me entiendes?”.
Con González en México y Tapia de regreso en Chile, la separación del binomio duro de Los Prisioneros es un hecho. Un tren al sur y otro hacia el norte, que con un bochornoso final nuevamente dejan a sus seguidores pateando piedras. LCD

24 de febrero de 2006

Missing (Live)



Everything But the Girl tocando el remix de Todd Terry para Missing, en vivo en el programa de la TV inglesa White Room

22 de febrero de 2006

Angela Jeria y Michelle Bachelet en Villa Grimaldi.

foto: Memorial de víctimas en Villa Grimaldi.
Me tomo la libertad de reproducir aquí este testimonio sobrecogedor.
Pueden encontrar el post original en http://noticiassecretas.blogspot.com/2006/01/el-paso-por-villa-grimaldi-de-michelle.html

El siguiente es el extracto correspondiente al testimonio de Ángela Jeria, recogido en Chile: La memoria prohibida, Vol. II, (pp 130-133). Alejandra Henríquez, escaneó con OCR y corrigió estas páginas, posteadas en el grupo de discusión Chile-Humanidades (Chile-H).
Los tres volúmenes de La memoria prohibida contienen documentación esencial acerca de las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura de Pinochet entre 1973 y 1989. Los datos completos del libro se encuentran al final de este posteo.

Existen numerosos testimonios que describen a Villa Grimaldi y lo que allí ocurría. Uno de ellos es el que Ángela Jeria, esposa del general de la FACh Alberto Bachelet, muerto en 1974 en la cárcel pública de Santiago, dio a los autores. La señora Jeria y su hija Michelle Bachelet fueron arrestadas el 10 de enero de 1975 y permanecieron en esas instalaciones hasta el día 16, para ser, entonces, trasladadas al campo de prisioneros de Cuatro Álamos, y, desde allí, expulsadas al exilio.

"Me detuvieron en mi casa dos personas que no se identificaron y que me dijeron que querían hacerme algunas preguntas. Mi hija estaba ahí, así es que le pidieron a ella que también fuera... Después de la muerte de mi marido, yo me dediqué a sacar de Chile información de lo que estaba sucediendo con los oficiales y soldados que estaban presos en la cárcel. Ello podía salvar la vida de mucha gente, así es que yo colaboré en eso incluso con una muchacha designada por el MIR. A esa muchacha la detuvieron y ella entregó mi nombre. Entonces me arrestaron a mí como colaboradora del MIR..."
"El primer día me tuvieron unas once horas con la vista cubierta con mi propio pañuelo, que como era de seda no me impedía ver del todo, y amarrada a una silla. Me careaban con gente del MIR que venían recién saliendo de la tortura eléctrica y si yo no contestaba las preguntas, me daban golpes en los riñones con sus armas... Pasado ese lapso, me llevaron a golpes, siempre con la vista cubierta, a otro lugar, mientras me iban diciendo cosas como 'Sal de ahí que hay un arroyo, muévete para acá que hay un obstáculo...'. A mi marido le habían hecho lo mismo y nada era verdad, así es que les dije que no iba a agacharme, ni a saltar, ni nada. Entonces el tipo me dio un empujón y rodé por el suelo, pero no había conseguido lo que quería... Llegamos al lugar donde iban a interrogarme y me sentaron de nuevo en una silla... Fue un interrogatorio muy largo, en el que me preguntaban por personas que, según ellos, integraban el grupo de 'ayudistas' del MIR ... y entre esas personas, nombraron a Cecilia Castro Salvadores y su compañero, Juan Carlos Rodríguez Araya, quienes, posteriormente, en julio de 1975, aparecieron en las listas de los 119 muertos en Argentina... Al final, mi interrogador me hizo levantarme y empezó a caminar conmigo para que yo le hablara del Partido Socialista y le entregara a la gente del PS que yo conocía. Era un paseo de ida y vuelta hasta un farol... De pronto, se detuvo y empezó a manosearme: 'Estás buena, abuela', me decía. Yo seguía con las manos amarradas. Fue algo muy desagradable: 'No se degrade, capitán', le dije, y eso lo hizo reaccionar. Luego me llevó a una sala donde algunos de ellos miraban televisión. Allí estaba aquella niña del MIR que colaboraba con laDina: la 'Flaca Alejandra'... Ellos trataron de demostrarme que esas chicas que colaboraban recibían buen trato. Pero yo me desentendí. Entonces el tipo se encolerizó, tomó un revólver, salió al patio y se puso a disparar al aire como un loco 'Esos son los ratones que hay que dispararles porque se vienen encima y se van a ir a meter a la pieza donde la vamos a ir a dejar a usted si no habla... '. Esa pieza era un cajón,una especie de contenedor del largo y ancho de una litera, más un pequeño espacio donde uno podía pararse sólo de lado, sin ventilación, sin luz, con una puerta que se abría y cerraba por fuera y en que a uno la obligaban a estar siempre con la vista cubierta. Cuando entré allí me dije que debía dormir. La frazada olía a sangre, a vómito, a orina. Pero me metí debajo de ella y dormí, porque pensé que al día siguiente la cosa iba a ser espantosa."
"Pero no ocurrió nada: solamente me dejaron allí durante tres días, sin siquiera sacarme al baño, escuchando lo que ocurría, los quejidos de los hombres torturados que encerraban en otros cajones que estaban construyendo... Cuando me sacaron, me condujeron a una bodega donde torturaban: allí repartían la comida; había un water, aunque sin agua, así que el lugar era muy fétido... A través de las rendijas de las paredes de tabla de la bodega pude ver las cosas más horribles... Un día vi una masturbación masiva, de unos veinte hombres, jóvenes y viejos. Los llevaban engrillados por los pies, sucios hasta el punto de que no se sabía de qué color era ropa. Quedaron de espaldas a mí y los amenazaban con las metralletas '¿Quieren pasar al water?', les dijeron. 'Bien, pero primero los vamos a entretener'. Los obligaron a ponerse en fila, de a tres o cuatro, y a que cada uno metiera el dedo en el ano del preso que tenía delante, mientras el de adelante masturbaba al que tenía a su espalda. Los hicieron bajarse los pantalones y los obligaron. '¡Más rápido!', les gritaban, y se reían... Después los dejaron pasar al water y, de ahí, a recoger el plato de comida y un pan... La segunda vez que me sacaron a la bodega apareció el coronel Contreras Sepúlveda. Yo no lo reconocí, porque me impresionó su mala facha: un hombre gordo, bajo,moreno, pelo liso y facciones achinadas. El y los hombres que lo rodeaban no se dieron cuenta que yo estaba en esa bodega y que podía escucharlos. Los tipos le daban cuenta de mí y de mi hija; le decían que nosotras éramos unos gatos. Entonces Contreras preguntó:
'Y esto que ellas firmaron, ¿hubo apremios?'. 'No, fue así no más', le respondían ellos...Tiempo después, observando una foto en relación con el Caso Letelier, me di cuenta de que aquel hombre había sido Contreras... Eso era VillaGrimaldi. Yo lo supe porque cuando me sacaron a la bodega pude ver un recibo tirado en el suelo donde se detallaba el salario de uno de los obreros que en esos días estaban construyendo los cajones y allí aparecía el nombre y la dirección: Arrieta número 8.200...".

Ángela Jeria y su hija, Michelle Bachelet Jeria, fueron deportadas el 1 de febrero de 1975 a Australia.

Chile: La Memoria Prohibida. Las Violaciones a los Derechos Humanos 1973-1983. Ed. Juan Andrés Piña, con Eugenio Ahumada, Rodrigo Atria, Javier Luis Egaña, Augusto Góngora, Carmen Quesney, Gustavo Saball, Gustavo Villalobos. Santiago de Chile: Pehuén Editores, 1989.

Eugenio Ahumada, uno de los autores del trabajo, hace el siguiente alcance: "Olvidaba algo crucial: co partícipe de los primeros borradores también fue José Manuel Parada, hasta su asesinato, en marzo de 1985. No se incluyó su nombre como coautor porque no alcanzó a ver el producto completo, pero en el texto se cuenta esta historia".

21 de febrero de 2006

Tu cuerpo es música para mí, nena...


SonicFabric es una empresa que fabrica ropa con un 50% de cintas de audio pregrabadas y 50% de algodón. Lo único que hay que hacer para escuchar el audio es pasar un reproductor de cintas sobre el tejido y voilá, parece imposible, pero es real.

(fuente: http://www.trendencias.com/)

El mejor gancho comercial...

20 de febrero de 2006

CANCIONES QUE AFECTAN MI ESTADO DE ANIMO (1)

"More than a woman" (The Bee Gees).

Cuando salió esta canción yo tenía cómo 7 u 8 años, y mi universo musical con mucho esfuerzo iba poco más allá de los discos de John Denver, Roberto Carlos y Ray Conniff que había en mi casa.
Pero no pasó mucho tiempo sin que descubriera el terrible encanto de la música Disco.
Eran buenos tiempos aquellos en que una inspirada canción de amor se podía bailar, y los extraño.

De este disco me encantan los arreglos de cuerdas contrapunteados que llevan la melodía a otra parte, como una segunda canción paralela contenida en la principal, y especialmente el sonido diáfano de batería, que es casi marca de fábrica del productor Ariff Mardin.

De esta canción en especial, me gusta el pulso elegante, ni muy arriba, ni muy quedado. En el tempo preciso. Y obviamente me encanta la onda "amor alucinado" en que la canta Barry Gibb.
Escúchenla libre de prejuicios, y ojalá pensando en que ropa se pondrían para bailarla en una pista con luces (... y con quién, obvio).


Powered by Castpost

18 de febrero de 2006

rocktoons.com

In the sun



Michel Stipe y Coldplay tocando una magnífica versión de "In the sun" de Josep Arthur, a beneficio de los damnificados y la reconstrucción de New Orleans.