14 de noviembre de 2007

Publicar.


Hace poco, escarbando en los cachureos digitales que vengo rescatando desde hace tres computadores atrás, me encontré con el texto que Alfredo Sepúlveda usó en la presentación de mi libro "Exijo ser un héroe: La historia (real) de Los Prisioneros".
Fue una tarde extraña de julio de 2002, en El Parrón. A la mesa de oradores estaban invitados Sergio Paz, Alfredo Lewin, Caco Lyon y Sepúlveda.
No pregunten detalles de por qué estaba cada uno. De lo poco que retuve (tengo una laguna mental que va desde 1990 hasta hace pocos días atrás), me acuerdo que a Lewin lo trajimos porque la editorial quería a alguien taquillero. A mi me caía bien por su pasado de VJ yonqui y eso. A Paz y Sepúlveda seguramente los traje yo. Paz, porque es impredecible, y porque pocos días antes del lanzamiento me lo topé y me contó el calvario de publicar "Santiago Bizarro".
Y a Sepúlveda porque es, sospecho, mi periodista favorito. O debe ser porque es uno de los primeros que vi trabajar de cerca, acechándolo, escuchándolo, en cierta medida, tal vez, mimetizándome un poco con su estilo adormilado-posiblemente-atormentado pero asertivo e inconformista. En este discurso, Sepúlveda habla de cómo nos conocimos, pero también intenta un ensayo sobre el vértigo de las primeras publicaciones, y la pelotudez intrínseca que yace en la pésima idea de meterse a contar la vida de otro.

Con permiso de Alfredo (quién, dicho sea de paso, perpetró hace poco su propio mamotreto biográfico, acerca de nuestro no muy bien ponderado Padre de la Patria) y en una maniobra que puede representar el egocentrismo más terrible, o la crisis de autoestima e identidad más galopante...
Acá va.

1. Publicar

Conocí a Julio en los tiempos mozos de la Zona de Contacto, hace una década --OH MY GOD--, en el taller literario que dirigía Alberto Fuguet. Este era un extraño experimento en el que coincidíamos gente que estaba saliendo de la universidad (Julio y yo debemos haber sido los más viejitos), colegiales y universitarios de tomo y lomo. La idea de todo esto era publicar: una experiencia que sonaba bonita y ligera, pero que en la práctica –y hasta hoy- es uno de los acontecimientos más fuertes a los que un ser humano se puede someter.

Entonces no sabíamos en lo que nos estábamos metiendo. Éramos chicos, estábamos entusiasmados y nos parecía chori. Creo que hasta nos pagaban un bono de movilización. Cuando publiqué mi primer cuento: “Sangre Azul”, un pequeño relato sobre dementes hinchas de la U, alguien me contó que se había topado con un taxista que lo había recortado del diario y pegado en el panel del taxi. Así de fuerte era publicar, estoy seguro que para Julio también. Al menos, aunque sea por una vez, no terminamos como envoltorio de corvina.

Cuando el taller terminó, yo me incorporé como suche a un equipo fascinante –el primero que tuvo la Zona: Felipe Bianchi, Carola Delpiano, Iván Valenzuela, Sergio Gómez, el propio Fuguet, perdón si paso de largo a alguien más--, y luego fui periodista y después editor de la Zona. Julio, que no venía del periodismo, sino del mundo de la imagen en movimiento –estudiaba Comunicación Audiovisual- siguió ligado a lo escrito, y luego se pasó a las filas del periodismo: recuerdo una gran entrevista titulada “El jinete pálido”, que le hizo a Gustavo Cerati en el verano del ’94, cuándo él vivía la mitad del tiempo acá y la otra en Argentina.

2. Los Prisioneros

Los Prisioneros siempre fueron una especie de obsesión de Julio. Tratando de recomponer las piezas en el rompecabezas del tiempo, me acuerdo que, para un artículo que escribí sobre Jorge González en noviembre del ‘97 para la Revista del Domingo (durante un breve intermezzo en el que tratamos de apartarla de su destino de publicación viajera) recurrí a su ayuda, lo que quiere decir que su libro, o al menos su cercanía con la banda, se había fraguado por lo menos durante ese año.

Era un raro momento en que Jorge González amenazaba con volver y yo tenía que escribir un perfil de él, y se sabía que simplemente no hablaba con ninguna prensa, y mucho menos con El Mercurio. Julio intercedió por mí y finalmente hablé con Jorge, quien me dio una larga y bastante gentil entrevista telefónica en la que no eludió ninguna pregunta ni fue el supuesto ogro que era con los medios. Me pidió eso sí, que no contara en el artículo que había hablado con él; de modo que al final quedó algo chistoso: cada vez que citaba a Jorge González tenía que poner “fuentes cercanas a Jorge González”.

Antes de eso, o después, Julio me contó que estaba pensando escribir una biografía de Los Prisioneros. Quería aprovechar la cercanía que tenía con la banda, privilegio (o pesadilla) que ningún otro periodista ha tenido con ellos. Julio estaba entusiasmado, casi ansioso. No conocía bien el circuito de las editoriales, y me pidió sugerencias –en la Zona habíamos tenido varias aventuras editoriales, en dos de ellas “Cuentos con Walkman” y “Disco Duro” Julio había publicado. Se las dí. Creo que la recepción en el mundo editorial giró desde “¿Quiénes son Los Prisioneros?” hasta ciertos entusiasmos moderados por publicar. Entre medio, apareció la única otra biografía existente sobre la banda, la de Freddy Stock, que no contó con la colaboración del grupo. Cada vez que me topaba con Julio le preguntaba por su libro. A veces ponía caras de entusiasmo. A veces, caras compungidas. A veces me decía que no había hecho nada en meses. A veces, que todo iba a bien. Comencé a preocuparme por la salud mental de mi amigo, pero ahora, después de leer “Exijo ser un héroe”, me despreocupé: todo está clarísimo en el libro.

3. Fundirse con la pared

A mí me parece que “Exijo ser un héroe” no es su biografía habitual que usted encuentra en su librería favorita. Es un libro raro, que coquetea con el periodismo pero también está anclado en la cercanía que Julio tiene, o tuvo, no sé, con sus retratados. Aquí hay periodismo porque todo lo que tiene que estar está. Pero también está la relación del biógrafo con sus retratados: un elemento que pesa tanto en la historia como la banda de rock. Lo común en el periodismo es esconder todo lo que huela a sentimientos. Julio no lo hace, y eso transforma a este libro una narración transparentemente rara.

Me explico más. Lo que comúnmente hacemos nosotros, periodistas, o debemos a hacer, o se supone que tenemos que hacer, es fundirnos con la pared, observar. Esto tiene algunas ventajas. Para escribir una biografía de cualquier persona no necesariamente hay que ser su compinche. Se puede hacer. Investigando de la manera clásica podemos sacar verdades que los biografiados no quieren que se sepan, y las podemos publicar.

Sin embargo, el mecanismo clásico para escribir historias tiene el peso de la inevitable distancia. Es cierto que somos lo que se ha escrito de nosotros, lo que opinan de nosotros, lo que se sabe de nosotros, los cheques que hemos firmado o nuestras pasadas por comisarías. Pero también somos lo que creemos que somos, lo que contamos después de varias botellas de vino o cerveza, lo que decimos en privado, las confesiones de bar. Eso sale a la luz sólo a través del confesionario, sino del cura, del cercano. Esa verdad suele ser más caótica que aquella obtenida a la distancia, más compleja, menos clara, porque no hay filtros entre el ser humano que se confiesa y lo que se escribe. Si el periodista, o el escritor, o el biógrafo tiene suerte, va a tener en sus manos el alma de la persona cuya historia está escribiendo. Y un alma es algo enredado. Y al final, son las historias de este tipo las que más me interesan: “El empampado Riquelme”, de mi amigo Francisco Mouat (donde se inserta un capítulo sobre la relación del autor con su padre), “Rey del mundo”, de David Remnick, el jefe del New Yorker (en que 2/3 del libro son destinados a hablar de los oponentes de Mohamed Alí para llegar a entender la importancia del boxeador) y “Una autobiografía del General Franco”, de Manuel Vazquez Montalván (biografía novelada del dictador), encabezan mi lista de biografías favoritas.

El libro de Julio Osses es la historia de los Prisioneros contada por ellos mismos, pero también es su propia historia en relación a estos amigos suyos, que no son unos tipos normales, sino que son los músicos más importantes de los últimos veinte años, unos verdaderos agitadores sociales, gente que toma a la sociedad de la solapa y la agita. Por eso –entendí finalmente, tras terminar el libro- le costó tanto escribirlo. Si al periodismo clásico le importa un pepino que el artista se enoje por lo que se publica, a Julio verdaderamente le importa lo que sus retratados piensen de él. Eso acá está asumido sin complejos, pero tampoco con compromisos. Repito: todo lo que tiene que estar está.

Esta transparencia no hace sino hablar bien de Julio, y por eso en este libro, además de haber un retrato de Los Prisioneros, hay un retrato de él.

Se me viene a la cabeza una escena de la película “El informante”, de Michael Mann. En ella, un científico que está dispuesto a denunciar a la tabacalera para la que trabajaba, se junta con el productor y el periodista del programa de televisión donde hablará. El informante va con su señora, que recién en la comida se entera de que su marido va a confesar para todo el país. Entonces ella se para de la mesa, y se va a conferenciar con el atribulado esposo. “¿Quién es esta gente”, le pregunta el animador al productor, con un tono equivalente a “¿Quiénes son estos idiotas?”. Al Pacino, que hace de productor, le responde: “Son gente común y corriente, sometida a circunstancias extraordinarias”. Los Prisioneros fueron gente común y corriente sometida a circunstancias extraordinarias. Julio en este libro es un biógrafo excepcional sometido a una amistad extraordinaria.

Alfredo Sepúlveda / julio, 2002.

13 de noviembre de 2007

¿Por qué no te callas?.


Hoy vi Infame, la otra película que revisa los hechos alrededor del proceso de escritura de "A Sangre Fría". Es una opinión antojadiza, porque es poco lo que sé del Capote histórico, pero este se me hizo más real. Había algo de patetismo en la construcción de este Capote falso. Amanerado, freak, repetidamente confundido con alguna dama en pésimo estado estético. Podría apostar que la elección del director en como se representaría al paradigma de los periodistas chismosos no es casual. Tal vez ni siquiera verosímil. Pero es una buena metáfora del rol periodístico apestoso de Capote. A mi me duele la historia de A Sangre Fría. La resiento, y hace poco me doy cuenta. Creo que pasé algo similar. Que escriban un libro sobre tu vida puede ser terrible o genial. Depende de cómo lo tomas. Pero ser el que escribe sobre la vida de alguien, créanmelo, puede ser peor.
Es estar del lado del traidor. Porque uno es el traidor. El chismoso. ¿Vale la pena?. Es la pregunta que repites mentalmente antes, durante y después. ¿Por qué no mejor quedarse callado?. Escribir sobre uno mismo no es una opción valida. Porque todo lo que escribes es siempre de ti mismo.
Bueno. El hecho es que vi esa película y me hizo pensar en que ha pasado bastante tiempo desde que escribí un libro. Tal vez sea bueno pensar en otro.

31 de octubre de 2007

El tiempo pasa (nos vamos poniendo tecno)


Estudio privado de Brian Eno, en Londres (finales de los 90)



Vangelis grabando China en los Nemo Studios de Londres (1978)


Alan Parsons con un Fairlight CMI (años 80)



Karlheinz Stockhausen grabando Hymnen en Colonia (1967)

29 de octubre de 2007

Autismo, genio y farándula.


Deben ser miles las veces que me han preguntado si tengo algo que ver con Darío Oses.

Pues no.

El es con una s. Yo soy con dos.

Pero sí lo conozco, y si creo que tengo algún parentesco al menos metafísico con él.

Me hizo clases de guión en mis años de novato Audiovisual. Creo que fue el primer obsesivo recalcitrante por todo lo que tuviera que ver con Woody Allen que conocí en mi vida. Y eso ya es bastante para, al menos, tener un gran recuerdo del tipo. Cuando me lo he encontrado en la calle, o no me reconoce, o me habla como si yo estuviera vestido con disfraz de marciano. Pero it's ok for me anyway. El autismo del genio del que me habló alguna vez Fuguet. Lo hacía pelando con afán de fan a Mike Patton. Pero en el fondo también hablaba de él mismo, lógico. Siempre hablan de si mismos. Son artistas. Claro. Aunque hablen de física cuántica, en el fondo tratan de expresarse interiormente.

El hecho es que Darío Oses está lanzando un libro nuevo. Se llama "La teleserie eterna", y es una especie de novela hecha a partir de menudencias periodísticas, por lo que entiendo. Gran idea. Encuentro bonito también lo que dice Oses con respecto al alivio que significa en la vida de la gente el periodismo desechable.

A mi me parece una weá con patas que un periodista tenga que vivir de esta pega.
Mal.

Pero quién soy yo para juzgar la pega de alguien.

Peor sería que te pagaran para cubrirle las espaldas a pedófilos, traficantes y asesinos. Ups, perdón. ¿Alguien se sintió tocado?.

26 de octubre de 2007

Porque nadie lo ha pedido...



...salvo un par de amigos míos que tienen más vocación de sociólogos, filósofos y suicidas en potencia que de críticos de música....


EL MY SPACE DE GALLETITA

9 de octubre de 2007

bertoni (2)

Dicho sea de paso: De vez en cuando el cansador intrabajable sentado en la cuneta se hace el harakiri rápido antes de llorar por una carta de jóvenes buenas mozas. No faltaba más. Ni yo.(En qué quedamos).

And i love her


hoy
le borré el precio
a una antología de Bertoni
con miga del pan negro
que ella come al desayuno

hubiera sido más poético
que nos hubiéramos quedado
sin nada para comer con la pasta de pollo
pero no fue así

de todas maneras
fue epifánico
por que hoy es su cumpleaños

5 de octubre de 2007

No mirar hacia atrás con furia.



Recién tengo tiempo de ver las tres Infernal Affairs.
El cine de Hong Kong es una maravilla.
Los directores chinos tienen el pulso del Shaolín en los ojos.

Violentos y elegantes.
Crudos y honorables.

Me pregunto como sería una versión china de State of Grace, pero con guión chileno.

Je.

La foto es del inicio del tour de despedida de Molotov en Paraguay.

Rock chicano en estado puro.

Muy bueno.

Cada uno hace dos canciones del disco solista múltiple que sacan el 15 de octubre (Eternamiente).

Hay cosas muy punkies, y otras medias New York Dolls. Los temas de Tito Fuentes y Randy "Gringo Loco" Ebright son los más apegados al Molotov rapero clásico, aunque el norteamericano también evidenció amor por el metal ochentero. Micky Huidobro hace hardcore al estilo Black Flag y Paco Ayala mostró rock & roll setentón con buenos riffs, bastante AC/DC.




(...atràs a la izquierda, con bastón y barba...¿es Allen Ginsberg, no?).

29 de septiembre de 2007

Los nuevos códigos.


"El signo más evidente de descalabro en una empresa es cuando sus ejecutivos líderes no contestan los emails", me decía hace pocos días un experto en nuevas tecnologías.
Y algo de sentido tiene. Alguien incapaz de gobernarse, dificilmente va a ser capaz de comunicar(se).

Por eso amo la música.

Nada es tan preciso en términos de lenguaje como ella.

Guau.

(Say it loud)
I'm happy and I'm Proud.

28 de agosto de 2007

Brisa en la ventana del auto.


Guau.


La vida corre rápido.

Hay gente querida que espera guagua. Hay gente cercana que se casará feliz dentro de los próximos días. Hay gente querida que está lejos y echo de menos. Hay gente cercana que se desvanece cada día más, y que no sé si dar por muerta o echarle aguante en el proceso natural de fin de ciclo (El alzheimmer es una mierda).


Uf.


Estoy estresado a mango (a prop...gran serie de TV ¿no?) y no tengo tiempo ni de darme cuenta.


Durante los últimos seis meses he producido un promedio de 7 u 8 shows para televisión a la semana.


Me he sentido de vuelta en la escuela. Aprendiendo como loco de la manera más guarra: ensayo y error.


He entendido que el handicap del oficio de productor no está en las (abundantes) horas trabajadas, sino en el desgaste emocional.


Lo bueno de todo esto, es que estoy volviendo a escribir (texto y música), y por primera vez con disciplina.


La verdad, me cuesta respetar a la gente que ha escrito antes de vivir.


Es una cosa de piel.




No way.




Tira, después hablas de sexo.




Siéntete morir, y después hablas del fin.




Encuéntrate dando vueltas en tu piso sin saber dónde ir, y después hablas de soledad.




Haz algo. Y después criticas.




No hay otra forma.




La vida avanza como una brisa en la ventana del auto.

Ahí ves tú si cambias la temperatura ambiente con eso, o no.




9 de agosto de 2007

Celebrando la llegada del cambio climático.


Ayer nevó en Santiago.

(Esa onda).



27 de julio de 2007

Mejor que estés en casa pronto.

Crowded House (que está de vuelta por estos días) se convirtió en una de mis bandas queridas de los ochentas, gracias a esta canción.
Se puede leer en varios niveles, pero, en general, a mi me ha servido cuando tardas en darte cuenta que estás echando energía en algo que no te hace bien, mientras podrías simplemente regresar adonde perteneces.

Esta versión acústica es muy especial. La interpretó Neil Finn en homenaje a Paul Hester, el baterista del grupo, quién cometió suicidio el año 2005.
Doblemente heavy ¿no?.

24 de julio de 2007

Polite

Somos tan lindos cuando somos polite.
Parecemos unas gacelitas saltando en la campiña.

pero yo no voy
a la campiña.


(y lo de gacelita...no way).

(la música es de Francisca Valenzuela).

20 de julio de 2007

Cosas que dices porque escondes otras.


Hay que saber hablar cuando debes hablar.
Hay que saber desconfiar del silencio propio.

Me imagino el quilombo que quedaría en el planeta, si un día al año se practicara el día de la honestidad brutal.

Pienso en cuanta declaración de amor provocaría crímenes atroces.

Cuanta crítica al hueso detonaría depresiones terminales.

Cuantas amistades funarían. Cuanta cesantía debutante.

Y también cuanta sanación, claro.

Alguien cercano decía el otro día que la vida cobra mucho más sentido si se asume como un ciclo perpetuo de envenenamiento y sanación.

Wow.

Juerte.

Hay gente que se queja porque - según el Conace - se supone que subió el consumo de caños y bajó el de motes.

Ese es un claro ejemplo de acto fallido.

(yeah).

Carry that weight...

Me apesta la gente intolerante.
Pero lo que más me apesta aún es mi propia intolerancia.
Especialmente frente a la gente que castiga al mundo por la humillación sistemática que recibió en su período de aprendizaje.

Pero, gracias a esas paradojas de la vida que si las pones en ficción parecen rebuscadas, me enfrento cada día a gente que padece (y por añadidura me hace padecer) todas y cada una de las cosas que me descomponen.

O sea... al menos durante todo este año soy productor de televisión... (y'a know whada I mean....?).

I made my bed...now I sleep in it.

(cresta).