30 de diciembre de 2008

RECUENTO MUSICAL 2008 Que bonito es (casi todo) el pop.

Ha pasado harto tiempo ya desde que pude abandonar mi adicción a hablar de todo lo que me pasa en mi blog. Tuve momentos serios por eso. Pero ya no. Para eso está Facebook, I guess (la costumbre siútica de hablar en spanglish no se me pasa… One- thing-at-a-time).
Lo que tampoco se me pasa, es la pasión por los recuentos musicales.
De eso se tratan estas líneas.
Y acá va.

No anda muy bien el rock. Me da la impresión que los músicos nuevos se han obsesionado por la imagen y por la onda, pero han dejado de lado el sonido. La mayor parte de los discos de rock aparecidos en la última década suenan muy, muy mal.
Debe ser por eso que he vuelto a mi vieja obesisón adolescente por los demos caseros.
Hay una cualidad orgánica y real en eso, que me golpea hondo.
Este año me busqué todo lo de Lennon (grandioso, emocional) y pude descubrir, finalmente, porqué siempre Elvis Costello me llamó siempre la atención. Recomiendo plenamente My Aim Is True, su primer disco. Busquen el torrent completo, con demos y versión en vivo. Esa es onda. Esas son canciones. Y por si hay algún fanático de Los Prisioneros allá afuera leyendo esto, impresiónese con “Watching The Detectives”, que no es ni más ni menos que “No necesitamos banderas”, en inglés. La dura. Copia absoluta. Hasta el fraseo de tecladito cortito. Todo. (sic).
De todas maneras, hubo buenos discos el 2008. El nuevo de Matthew Sweet trae una de las grandes canciones del año (Byrdgirl), y el de David Byrne con Brian Eno es una delicia para escuchar de rodillas. Además, el título me mata (Everything that happens, will happen today). La canción que abre el de Aimee Mann es especial para todo tipo de resiliencias. El debut solista de Jakob Dylan está muy bonito, pero si hablamos de folk emocional, Ray LaMontagne es lo mejor que le ha pasado a la guitarra acústica en décadas (y viceversa). Su nuevo disco es lo más soul que ha hecho, pero recomiendo que busquen el primero, y se den un baño de “Trouble” o “Shelter” tres veces al día, a lo menos. (Satisfaction guaranteed). Si les gusta mucho (el cual fue mi caso), sigan la línea de tiempo hacia atrás, lleguen a Stephen Stills y consigan un disco que se llama “Just Roll Tape”. Hay una versión del mismo estilo acústico grabada hace pocos años que suena mejor, y es plenamente recomendable, sobre todo porque también trae “Tree Top Flyer” (la canción que convenció a LaMontagne de patear su trabajo en una fábrica de zapatos, y gastarse sueldo y medio en la misma guitarra acústica Martin que usa Stills). Pero lo que realmente mata es su cover de “Everybody’s talkin’" de Harry Nilsson.
Puedo seguir mucho rato en esto, por ejemplo comentar lo maravilloso que me parece Las Piedras, el EP de Gepe que se puede descargar gratis desde el sitio del sello Quemasucabeza; lo bueno y vitalizante que es el regreso de Congelador con el EP Abrigo (también se descarga gratis desde el mismo sello de Gepe); lo importante que se han vuelto Manuel García y Chinoy (esas carreras recién comienzan a sembrar influencia, se los aseguro); el nuevo de Redolés; lo fresco que me pareció el segundo de Teleradio Donoso (“Amar en el campo” ES el single del año); y el sonido estupendo del disco nuevo de Lucho Jara (no es ironía), sin olvidar lo power que me pareció "Todo, todo", el single nuevo de Sergio Lagos. Es una lástima que su anterior disco (que trae bonitas intenciones y canciones) no haya podido sobrevivir a la mala dirección. Hay discos que deben pasteurizarse, otros que no, y este era más bien el segundo caso.

Pero me interesa acotar el punto que titula esta nota. El rock se ha vuelto extremadamente conservador y predecible. Es en el pop donde hay que poner ojo. Eso no más digo. Aunque suene a Ramones o a Justin Timberlake. El rock como religión y militancia no me interesa. Fíjense en los últimos grandes grupos de los 70 y los 80. ¿Van a decirme que Ziggy Stardust, The Smiths y los Happy Mondays querían hacer rock purista?. Nope, sir. Eso es pop del bueno.

Sorry por lo que se me olvida. Ya vendrá.
Feliz año. No fumen mucho, no tomen ni aspiren nada. Take care of yourself. Be creative, be proactive.
Chaolín.

(El viejo David con el bueno de Brian)


(Trouble, trouble, trouble...)


(Follar en el pasto)


(No necesitamos Detectives)


(Yo solo quiero...que recuerdes eso..)

23 de diciembre de 2008

Ho ho ho (Mueve el culo)

22 de diciembre de 2008

18 de diciembre de 2008

Descubriendo al otro García

Hay un feel muy seventies allí que me quedó dando vueltas, un taste confesional que no sé si me lleva un poco al primer Costello o al último Lennon. Los genes de su viejo le salen en la voz, claro, pero me recordó mucho más a Spinetta, Fito, aunque me quedó la sensación de un mood en común más que un estilo...
Ahora quedo con la curiosidad de conocer su disco anterior...
Acá en Chile no se sabe mucho de lo que hace, pero espero, de alguna medida, servir de puente para que eso cambie.
Se llama Migue García, y no se puede esquivar el hecho de que es el hijo de Charly.
Este año sacó su segundo disco, Ciencia Ficción, que es plenamente recomendable y gratamente sorprendente.
Esta es una gran obra artística en desarrollo.
Ojo (o más bien oído) con Migue García.

16 de diciembre de 2008

Una gran canción.

Esto vendría siendo power-pop, con textura de jangle rock.
A Matthew Sweet le había echado el ojo hace mucho tiempo, con una canción que se llamaba "Sick Of Myself", de un disco que se llamaba "Girlfriend", que es un clásico de los 90.
Pero esta nueva me mató.
Es de su décimo disco, que salió hace poco.
Con ustedes, mi canción de diciembre: "Byrdgirl"


Matthew Sweet “Byrdgirl” from New Album Sunshine Lies -

9 de diciembre de 2008

1 de diciembre de 2008

Congelador tiene Nuevo Disco...y se puede descargar...


Abrigo es un EP de seis canciones donde participan como invitados Gepe (poniendo voces y baterias en algunas canciones) y Chalo González, el productor estrella del rock chileno.

Descárgalo acá

25 de noviembre de 2008

Tumblr

20 de noviembre de 2008

Presidenciales 2009: Y ahora ¿Quién podrá conmovernos…?


No tengo nada contra El Mercurio. Es EL DECANO del periodismo criollo, trabajé allí harto tiempo y no hay nada mejor para secar la cocina cuando el lavaplatos estalla de platos sucios. Pero me resulta inquietante que baste una crónica calenturienta como la del cuerpo de Reportajes del domingo pasado, y su esotérico/patafísica teoría del supuesto complot de Pepe Auth (sic) buscando dinamitar las cabezas de la Concertación, para que tiemble el establishment socialista y dos de las candidaturas más fuertes (si no las más) terminen prácticamente en la intemperie.
¿Tan delicada es la cosa? ¿Tan frágiles están los cutis de nuestros líderes concertacionistas?. Si seguimos así de susceptibles, vamos a tener que empezar a informarnos de las últimas novedades político-partidistas en la crónica roja. O peor aún, en las últimas páginas del diario. Esas que usualmente se dedican a la prensa rosa, el trapicheo televisivo y la lencería existencial de la última chica reality. Aunque esta última opción no me parece tan marciana. Si algo tienen en común la farándula y la política es que desnudan como nada la esencia de la condición humana, con sus brillitos, bemoles y turgencias varias.

A los amigos de la política profesional, que por más que tratan no logran saber por donde diantres va lo que quiere el respetable para tarjar en el voto de diciembre 2009, recomiendo mucho una película que dan por estos días en el cable. Se llama Man Of The Year (si lo de ustedes es el francés, y con algunos reparos el sueco, les traduzco: Hombre del Año). La protagoniza Robin Williams y (mi nueva actriz predilecta) Laura Linney. Cuento corto, narra una fantasía donde por primera vez un independiente (de profesión comediante, que tiene su propio modesto show de TV), se enfrenta en las urnas presidenciales a demócratas y republicanos. Y gana. Eso, luego de una delirante secuencia donde aprovecha la pantalla del consabido debate presidencial para decir unas cuantas duras sobre los políticos largamente establecidos. Finalmente todo esto deriva en intriga y debacle, pero esa parte de la historia da lo mismo (al menos en la ficción hollywoodense) para los efectos de la comparación que busco.
Veo venir lo difícil que resulta explicarle a los candidatoides locales que aquí Obamas, al menos por el momento, no hay. Que no existen cronistas (salvo probablemente el que suscribe, aunque – como diría Lagos - no estoy disponible) (¿O si?) - como Jon Favreau, con suficiente genio, cultura pop y sensibilidad para incorporar el inconsciente colectivo en los discursos de su presidenciable. Que un punto fuerte de disociación es que aquí las platas de las campañas no se recaudan por Internet, (es más, el elector chilensis común y corriente no está demasiado interesado en hacer una vaca para pagarle la sedosa corbata turquesa de moda al politicón de su preferencia, ni menos la acartonada-palomita-oda-al-photoshop). Y lo que es más dramático aún (por favor, señor, aquí conténgase, que usted ya es un hombre crecidito y no se ve bien manchar de solución salina los manteles de el Divertimento), como bien indica mi nunca bien ponderado amigo Pato Navia en su columna del fin de semana, los grupos de élite a los que pertenecen nuestros políticos tradicionales (que si no han tomado helado juntos en el Apumanque, de seguro se han chorreado con el mismo caldo enjundioso de una empanada de mariscos en el pituco litoral allende Concón, Zapallar, Maitencillo y demases) , poco tienen que ver con el origen profundamente marcado por lo racial, y lo popular y lo meritocrático del archiexpuesto Barack Hussein.

En este contexto, me acabo de unir al grupo de Farkas en Facebook. No quiere decir que vaya a votar por él (aunque ya somos más de 136 mil (y subiendo), (toma Tatán, toma papurri). Al menos no aún. Pero si Insulza sigue gritoneando a los periodistas y taponeándose las arterias con queque públicamente; Lagos sigue con esa indecisión tan poco testosterónica; Piñera no entiende que la gente no es tonta; y la legendaria DC no se pone firme y pasa de una vez por el cedazo al nutrido contingente de presidenciables delirantes que quieren ahorrarse la consulta a la terapeuta floral en el balcón de Morandé con la Alameda, yo prefiero la candidez generosa del blondo empresario depositario del legado sanguíneo de Moisés y el rey David.
No puedo sacarme de la cabeza esa posible proclamación en la Plaza de la Constitución con KC & The Sunshine Band, la (nueva) reunión de Los Prisioneros, choripanes gratis de Arica a la Antártica, y diez luquitas mensuales extra en la cuenta corriente. No sé si es lo que el país necesita en su futuro, pero pucha que luce más respetable, transparente y sencillo que lo que tenemos hoy.
O peor aún, que lo que se nos viene encima.

18 de noviembre de 2008

Sparklehorse lo explica todo (Parte 2)



Ojo con el micrófono de grabadora, gran secreto de esa textura vocal maravillosa. Le tengo copiadísima la idea. Al principio, sin haberlo visto, pensé que era un micrófono de armónica, que produce un efecto parecido (The Breeders lo ocupa en la parte noisy de "Cannonball").

Sparklehorse lo explica todo.



Una de las pocas chances, si no la única, de escuchar hablar a Mark Linkous, y ver fragmentos de Sparklehorse tocando joyas como "Painbirds" y "Sea of teeth".

2 de noviembre de 2008

Promesas sobre el bidet.

Me gusta este video de las sesiones de Clics Modernos, porque desnuda muy bien lo hábil que siempre ha sido Charly con layers de teclados.

To Love Somebdoy Nu Folk revisiting

La canción, obvio, es de los Bee Gees.
Ray LaMontagne es el de barba. Se supone que trabajaba en una fábrica de zapatos, hasta que un día camino a una jornada más, escuchó una canción de Stephen Stills que se llama "Tree Top Flyer". A fin de mes, gastó todo su sueldo y más en el mismo modelo de acústica que usaba Stills en los 60, cuando se grabó el disco con el que LaMontagne se topó casualmente mientras bajaba al azar música de algún P2P. Escuchar su disco debut ("Trouble", 2004) es someterse a un mashed up lo fi de folk, post punk y soul puro y sin filtros, con algo de cool jazz de garage.
Damien Rice, el de la chaqueta café, es el que canta "The Blower's Daughter", el tema central de Closer (a algunos les sonará la de Seu Jorge en portugués).

17 de octubre de 2008

ODIO, MIEDO Y PLACER EN EL CORAZÓN DE LA MÁQUINA



NINE INCH NAILS Live:
LIGHTS IN THE SKY Tour
Movistar Arena Santiago
Sábado 4 de octubre de 2008 - 21.15 hrs.

Nine Inch Nails toca "Only" en el Arena Santiago. La silueta en penumbras de Trent Reznor disipa con su paso la maquinal nube de estática que cubre el escenario de lado a lado. Un dispositivo especial le permite interactuar con una de las tres gigantescas pantallas del montaje. Es sólo uno de las decenas de efectos de imaginería visual y parafernalia de iluminación que trae el tour Lights In The Sky . El colectivo independiente Moment Factory desarrolló y combinó tecnología especial para diseñar visualmente la versión 2008 de NIN sobre el escenario. Puedo recordar la estética del cuadro en el videoclip de la canción, ese en que el rostro desencajado de Reznor cobra vida como una versión gigante de esos juegos de pequeñas estalactitas metálicas que plasman formas en una caja. Hacia el final de la canción, el líder de NIN se sumerge más tiempo en la nube estática de la pantalla translúcida del frente del escenario, aparece cada cierto tanto y en un momento de exaltación las emprende con puño y hombro contra la pantalla.

Al terminar la canción, rastros de sangre en el brazo del impávido Reznor no desentonan con la sensación integral de estar frente a una pandilla marginal sacada de algún lugar entre el universo androide post-apocalipsis de las sagas Terminator y Mad Max. Los conciertos de Nine Inch Nails suelen ser furiosos y caóticos, y no es raro que acaben con medio instrumental botado, mojado, pateado y lanzado a la audiencia.

Aún así, esta es una versión bastante más sofisticada - más adulta, pero no menos cargada de energética testosterona - del grupo gótico-paramilitar que Reznor lideró en el Woodstock del 94 en Saugerties, cuando Nine Inch Nails daba un golpe al cánon y los límites entre el rock alternativo, el pop, el heavy metal, el post punk, el funk de Sly & The Family Stone, y tanto el industrial espeso de Throbbing Gristle y Ministry, como la versión del mismo género,ciertamente más tecno, de KMFDM y Front 242. Reznor grabó su primer disco - el sexopsicoreligioso Pretty Hate Machine - trabajando de junior en un estudio y esquivando la carencia de una banda de acompañamiento con samplers, teclados vintage, guitarras directo a la mesa de mezclas y baterias programables, consiguiendo un sonido vivo, bailable y espeso, con vocación pop vestida de estética gótica herida por todo tipo de pedales, efectos análogos y estimuladores electrónicos.

Reznor le dirige la palabra a los chilenos directamente por primera vez, para pedir disculpas por el presidente que tiene en su país. Es la introducción para "The Hand That Feeds", la canción más política en la historia de NIN, un montón de preguntas directas al corazón del gringo crédulo, un grito directo al oído de los que, como muchos allá - y acá también, claro - intoxican las democracias con su abulia y su exceso de confianza en las instituciones, olvidando que detrás de ellas hay seres humanos, susceptibles de envanecerse y errar. "¿Cuán profundo es lo que crees?/¿Morderías la mano que te alimenta?/¿Mascarías hasta que sangre?/ ¿Te levantarías de tus rodillas?/¿Eres lo suficientemente valiente para mirar? / ¿Quieres cambiarlo?”. Cinco minutos después, la foto gigante de George W. Bush que cubría el centro de la pantalla de 12 metros en el fondo del escenario, se ha metamorfoseado a velocidad imperceptible en una de John McCain.
Blackout.
Trent Reznor es el Elvis Presley del tecno-rock, el pariente cósmico sureño y ultratecnologizado de Kurt Cobain y su angustia existencial masoquista. Reznor es también la conciencia exacerbada del pozo sin fondo en que se sumerge el que cree mucho, y que al precipitarse en caída libre y sin remedio del estado de gracia, arrastra todo vestigio de inocencia hasta terminar creyendo en nada más que en la muerte. Y en el placer. En lo finito de la existencia y en el hedonismo sublimado como una forma de reafirmar la existencia propia. En Tanatos y Eros. Los dos instintos básicos para sobrevivir.

Se sabía de la experiencia conmovedora, estremecedora y total que significaba ver a NIN en vivo. Pero tenerlo frente a los ojos, en Chile, es otra cosa. Reznor es un apóstol del evangelio apócrifo del rock, ese que no está escrito en los libros de la industria discográfica, sino en el alma de los que creen que si no es peligroso, si no remece conciencias, si no toca vidas, si no contiene brotes caudalosos de honestidad brutal y pocas ganas de conformarse con lo que dicen los diarios y los rankings, no es rock. Ese que dice que si no duele, no sirve.

En vivo, las canciones de Nine Inch Nails toman otro significado y adquieren ribetes de asalto sensorial. La plataforma visual que Reznor ocupa exalta ante todo el frenesí. Pero si se conocen las letras previamente, esto es lo más cercano a una liturgia, a una catarsis, a un rito de purificación.
Reznor grita, susurra, se encoge sobre el micrófono y se retuerce como si estuviera frente a diez mil exorcistas que vienen a verlo vomitar demonios atávicos.
¿Cansa ser Trent Reznor?. Es probable. Nadie puede estar tan atormentado tanto tiempo, ni ser el chivo expiatorio de los fantasmas de dos generaciones sin sufrir la resaca.
O, al menos, echar una ojeada al infierno, de primera mano.
Pero qué más da.
Repito.
Si no duele, no sirve.
Y después de años de obsesión artística, reclusión, mitos que le han valido el estatus de leyenda urbana, adicciones, otro tanto de rehabilitaciones y un decidido problema de autoridad respecto al sistema económico y la ética que sostienen el negocio tradicional de la música, está claro que, en este caso, los costos parecen más que pagados.


(Lo bello no siempre es perfecto. O mejor dicho, el efecto es distinto en un caso y otro. Finalmente el impacto de lo estético es único e irrepetible. No hay una experiencia sensorial parecida a otra. La belleza pura toca el alma, claro. Pero el rock & roll toca un poco más que eso.)

Trent Reznor canta Hurt. El pulso narcótico, frágil, de oratorio, hiere la guitarra acústica y viceversa. El que toca las seis cuerdas y parece un zombie de película de Lynch es Robin Finck, el miembro más antiguo de la versión en vivo de NIN, un grupo paralelo al que Reznor dirige en su estudio de grabación, donde Nine Inch Nails funciona independiente - finalmente - de las grandes compañías discográficas, de una manera casi artesanal pero con alta tecnología, donde la tela sonora, el objeto musical, se hiere, pinta y reconstruye con textura hiper realista, usando samplings de instrumentos reales, sólo elementos nobles (¿”reales”?) para generar sonido, aparatos electrónicos que generan tonos puros, instrumentos y tambores de verdad que se graban y solo se constituyen en ritmo y melodía en la pantalla del computador, cuando se les da forma.

(La música es hoy, más que nunca, un arte audiovisual).

Estéticamente, la música de NIN está basada en el pulso denso del ritmo urbano, de la máquina, del ruido de la rutina occidental diaria, de los problemas de fe y adaptación, de las preguntas inevitables para esquivar el tema de creer o no creer, cambiar o no cambiar, jugar o no jugar, querer o no querer, poder o no poder, huir o quedarse, seguir o parar. Es la música del odio, del miedo, pero también es la música del placer en la plena oscuridad.

Hay días en que no es fácil ser feliz. Algunos dicen que el mundo está ahí, para tomarlo. Pero ¿Qué pasa si yo más bien no quiero ser parte de él?.
Nada, no pasa nada.
Esta es una sociedad que valora el determinismo. Es el corazón del libre mercado. Una civilización obsesionada por sus propias fallas. Las busca, las inventa. Parece disfrutar ver al que cae.
¿De qué trata la prensa rosa si no es de necrofilia? ¿De fagocitar restos humanos como buitres merendando en vivo y en directo?.

Es ahí, en lo peor del contrato social, donde la música de gente como Trent Reznor cobra sentido.

Necesitamos ver el borde. Nos hace sentir que toda existencia, por miserable que parezca, merece ser vivida. Algunos prefieren hacerlo desde la comodidad de su sillón, sin mezclarse, tras el cristal.
Son los que disfrutan de la farándula, el periodismo misógino, el goce clasista, la pequeña hipocresía nuestra de cada día.

Otros se arriesgan y miran más allá.

(Escuchan discos de Nine Inch Nails.)

9 de septiembre de 2008