25 de noviembre de 2008

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20 de noviembre de 2008

Presidenciales 2009: Y ahora ¿Quién podrá conmovernos…?


No tengo nada contra El Mercurio. Es EL DECANO del periodismo criollo, trabajé allí harto tiempo y no hay nada mejor para secar la cocina cuando el lavaplatos estalla de platos sucios. Pero me resulta inquietante que baste una crónica calenturienta como la del cuerpo de Reportajes del domingo pasado, y su esotérico/patafísica teoría del supuesto complot de Pepe Auth (sic) buscando dinamitar las cabezas de la Concertación, para que tiemble el establishment socialista y dos de las candidaturas más fuertes (si no las más) terminen prácticamente en la intemperie.
¿Tan delicada es la cosa? ¿Tan frágiles están los cutis de nuestros líderes concertacionistas?. Si seguimos así de susceptibles, vamos a tener que empezar a informarnos de las últimas novedades político-partidistas en la crónica roja. O peor aún, en las últimas páginas del diario. Esas que usualmente se dedican a la prensa rosa, el trapicheo televisivo y la lencería existencial de la última chica reality. Aunque esta última opción no me parece tan marciana. Si algo tienen en común la farándula y la política es que desnudan como nada la esencia de la condición humana, con sus brillitos, bemoles y turgencias varias.

A los amigos de la política profesional, que por más que tratan no logran saber por donde diantres va lo que quiere el respetable para tarjar en el voto de diciembre 2009, recomiendo mucho una película que dan por estos días en el cable. Se llama Man Of The Year (si lo de ustedes es el francés, y con algunos reparos el sueco, les traduzco: Hombre del Año). La protagoniza Robin Williams y (mi nueva actriz predilecta) Laura Linney. Cuento corto, narra una fantasía donde por primera vez un independiente (de profesión comediante, que tiene su propio modesto show de TV), se enfrenta en las urnas presidenciales a demócratas y republicanos. Y gana. Eso, luego de una delirante secuencia donde aprovecha la pantalla del consabido debate presidencial para decir unas cuantas duras sobre los políticos largamente establecidos. Finalmente todo esto deriva en intriga y debacle, pero esa parte de la historia da lo mismo (al menos en la ficción hollywoodense) para los efectos de la comparación que busco.
Veo venir lo difícil que resulta explicarle a los candidatoides locales que aquí Obamas, al menos por el momento, no hay. Que no existen cronistas (salvo probablemente el que suscribe, aunque – como diría Lagos - no estoy disponible) (¿O si?) - como Jon Favreau, con suficiente genio, cultura pop y sensibilidad para incorporar el inconsciente colectivo en los discursos de su presidenciable. Que un punto fuerte de disociación es que aquí las platas de las campañas no se recaudan por Internet, (es más, el elector chilensis común y corriente no está demasiado interesado en hacer una vaca para pagarle la sedosa corbata turquesa de moda al politicón de su preferencia, ni menos la acartonada-palomita-oda-al-photoshop). Y lo que es más dramático aún (por favor, señor, aquí conténgase, que usted ya es un hombre crecidito y no se ve bien manchar de solución salina los manteles de el Divertimento), como bien indica mi nunca bien ponderado amigo Pato Navia en su columna del fin de semana, los grupos de élite a los que pertenecen nuestros políticos tradicionales (que si no han tomado helado juntos en el Apumanque, de seguro se han chorreado con el mismo caldo enjundioso de una empanada de mariscos en el pituco litoral allende Concón, Zapallar, Maitencillo y demases) , poco tienen que ver con el origen profundamente marcado por lo racial, y lo popular y lo meritocrático del archiexpuesto Barack Hussein.

En este contexto, me acabo de unir al grupo de Farkas en Facebook. No quiere decir que vaya a votar por él (aunque ya somos más de 136 mil (y subiendo), (toma Tatán, toma papurri). Al menos no aún. Pero si Insulza sigue gritoneando a los periodistas y taponeándose las arterias con queque públicamente; Lagos sigue con esa indecisión tan poco testosterónica; Piñera no entiende que la gente no es tonta; y la legendaria DC no se pone firme y pasa de una vez por el cedazo al nutrido contingente de presidenciables delirantes que quieren ahorrarse la consulta a la terapeuta floral en el balcón de Morandé con la Alameda, yo prefiero la candidez generosa del blondo empresario depositario del legado sanguíneo de Moisés y el rey David.
No puedo sacarme de la cabeza esa posible proclamación en la Plaza de la Constitución con KC & The Sunshine Band, la (nueva) reunión de Los Prisioneros, choripanes gratis de Arica a la Antártica, y diez luquitas mensuales extra en la cuenta corriente. No sé si es lo que el país necesita en su futuro, pero pucha que luce más respetable, transparente y sencillo que lo que tenemos hoy.
O peor aún, que lo que se nos viene encima.

18 de noviembre de 2008

Sparklehorse lo explica todo (Parte 2)



Ojo con el micrófono de grabadora, gran secreto de esa textura vocal maravillosa. Le tengo copiadísima la idea. Al principio, sin haberlo visto, pensé que era un micrófono de armónica, que produce un efecto parecido (The Breeders lo ocupa en la parte noisy de "Cannonball").

Sparklehorse lo explica todo.



Una de las pocas chances, si no la única, de escuchar hablar a Mark Linkous, y ver fragmentos de Sparklehorse tocando joyas como "Painbirds" y "Sea of teeth".

2 de noviembre de 2008

Promesas sobre el bidet.

Me gusta este video de las sesiones de Clics Modernos, porque desnuda muy bien lo hábil que siempre ha sido Charly con layers de teclados.

To Love Somebdoy Nu Folk revisiting

La canción, obvio, es de los Bee Gees.
Ray LaMontagne es el de barba. Se supone que trabajaba en una fábrica de zapatos, hasta que un día camino a una jornada más, escuchó una canción de Stephen Stills que se llama "Tree Top Flyer". A fin de mes, gastó todo su sueldo y más en el mismo modelo de acústica que usaba Stills en los 60, cuando se grabó el disco con el que LaMontagne se topó casualmente mientras bajaba al azar música de algún P2P. Escuchar su disco debut ("Trouble", 2004) es someterse a un mashed up lo fi de folk, post punk y soul puro y sin filtros, con algo de cool jazz de garage.
Damien Rice, el de la chaqueta café, es el que canta "The Blower's Daughter", el tema central de Closer (a algunos les sonará la de Seu Jorge en portugués).

17 de octubre de 2008

ODIO, MIEDO Y PLACER EN EL CORAZÓN DE LA MÁQUINA



NINE INCH NAILS Live:
LIGHTS IN THE SKY Tour
Movistar Arena Santiago
Sábado 4 de octubre de 2008 - 21.15 hrs.

Nine Inch Nails toca "Only" en el Arena Santiago. La silueta en penumbras de Trent Reznor disipa con su paso la maquinal nube de estática que cubre el escenario de lado a lado. Un dispositivo especial le permite interactuar con una de las tres gigantescas pantallas del montaje. Es sólo uno de las decenas de efectos de imaginería visual y parafernalia de iluminación que trae el tour Lights In The Sky . El colectivo independiente Moment Factory desarrolló y combinó tecnología especial para diseñar visualmente la versión 2008 de NIN sobre el escenario. Puedo recordar la estética del cuadro en el videoclip de la canción, ese en que el rostro desencajado de Reznor cobra vida como una versión gigante de esos juegos de pequeñas estalactitas metálicas que plasman formas en una caja. Hacia el final de la canción, el líder de NIN se sumerge más tiempo en la nube estática de la pantalla translúcida del frente del escenario, aparece cada cierto tanto y en un momento de exaltación las emprende con puño y hombro contra la pantalla.

Al terminar la canción, rastros de sangre en el brazo del impávido Reznor no desentonan con la sensación integral de estar frente a una pandilla marginal sacada de algún lugar entre el universo androide post-apocalipsis de las sagas Terminator y Mad Max. Los conciertos de Nine Inch Nails suelen ser furiosos y caóticos, y no es raro que acaben con medio instrumental botado, mojado, pateado y lanzado a la audiencia.

Aún así, esta es una versión bastante más sofisticada - más adulta, pero no menos cargada de energética testosterona - del grupo gótico-paramilitar que Reznor lideró en el Woodstock del 94 en Saugerties, cuando Nine Inch Nails daba un golpe al cánon y los límites entre el rock alternativo, el pop, el heavy metal, el post punk, el funk de Sly & The Family Stone, y tanto el industrial espeso de Throbbing Gristle y Ministry, como la versión del mismo género,ciertamente más tecno, de KMFDM y Front 242. Reznor grabó su primer disco - el sexopsicoreligioso Pretty Hate Machine - trabajando de junior en un estudio y esquivando la carencia de una banda de acompañamiento con samplers, teclados vintage, guitarras directo a la mesa de mezclas y baterias programables, consiguiendo un sonido vivo, bailable y espeso, con vocación pop vestida de estética gótica herida por todo tipo de pedales, efectos análogos y estimuladores electrónicos.

Reznor le dirige la palabra a los chilenos directamente por primera vez, para pedir disculpas por el presidente que tiene en su país. Es la introducción para "The Hand That Feeds", la canción más política en la historia de NIN, un montón de preguntas directas al corazón del gringo crédulo, un grito directo al oído de los que, como muchos allá - y acá también, claro - intoxican las democracias con su abulia y su exceso de confianza en las instituciones, olvidando que detrás de ellas hay seres humanos, susceptibles de envanecerse y errar. "¿Cuán profundo es lo que crees?/¿Morderías la mano que te alimenta?/¿Mascarías hasta que sangre?/ ¿Te levantarías de tus rodillas?/¿Eres lo suficientemente valiente para mirar? / ¿Quieres cambiarlo?”. Cinco minutos después, la foto gigante de George W. Bush que cubría el centro de la pantalla de 12 metros en el fondo del escenario, se ha metamorfoseado a velocidad imperceptible en una de John McCain.
Blackout.
Trent Reznor es el Elvis Presley del tecno-rock, el pariente cósmico sureño y ultratecnologizado de Kurt Cobain y su angustia existencial masoquista. Reznor es también la conciencia exacerbada del pozo sin fondo en que se sumerge el que cree mucho, y que al precipitarse en caída libre y sin remedio del estado de gracia, arrastra todo vestigio de inocencia hasta terminar creyendo en nada más que en la muerte. Y en el placer. En lo finito de la existencia y en el hedonismo sublimado como una forma de reafirmar la existencia propia. En Tanatos y Eros. Los dos instintos básicos para sobrevivir.

Se sabía de la experiencia conmovedora, estremecedora y total que significaba ver a NIN en vivo. Pero tenerlo frente a los ojos, en Chile, es otra cosa. Reznor es un apóstol del evangelio apócrifo del rock, ese que no está escrito en los libros de la industria discográfica, sino en el alma de los que creen que si no es peligroso, si no remece conciencias, si no toca vidas, si no contiene brotes caudalosos de honestidad brutal y pocas ganas de conformarse con lo que dicen los diarios y los rankings, no es rock. Ese que dice que si no duele, no sirve.

En vivo, las canciones de Nine Inch Nails toman otro significado y adquieren ribetes de asalto sensorial. La plataforma visual que Reznor ocupa exalta ante todo el frenesí. Pero si se conocen las letras previamente, esto es lo más cercano a una liturgia, a una catarsis, a un rito de purificación.
Reznor grita, susurra, se encoge sobre el micrófono y se retuerce como si estuviera frente a diez mil exorcistas que vienen a verlo vomitar demonios atávicos.
¿Cansa ser Trent Reznor?. Es probable. Nadie puede estar tan atormentado tanto tiempo, ni ser el chivo expiatorio de los fantasmas de dos generaciones sin sufrir la resaca.
O, al menos, echar una ojeada al infierno, de primera mano.
Pero qué más da.
Repito.
Si no duele, no sirve.
Y después de años de obsesión artística, reclusión, mitos que le han valido el estatus de leyenda urbana, adicciones, otro tanto de rehabilitaciones y un decidido problema de autoridad respecto al sistema económico y la ética que sostienen el negocio tradicional de la música, está claro que, en este caso, los costos parecen más que pagados.


(Lo bello no siempre es perfecto. O mejor dicho, el efecto es distinto en un caso y otro. Finalmente el impacto de lo estético es único e irrepetible. No hay una experiencia sensorial parecida a otra. La belleza pura toca el alma, claro. Pero el rock & roll toca un poco más que eso.)

Trent Reznor canta Hurt. El pulso narcótico, frágil, de oratorio, hiere la guitarra acústica y viceversa. El que toca las seis cuerdas y parece un zombie de película de Lynch es Robin Finck, el miembro más antiguo de la versión en vivo de NIN, un grupo paralelo al que Reznor dirige en su estudio de grabación, donde Nine Inch Nails funciona independiente - finalmente - de las grandes compañías discográficas, de una manera casi artesanal pero con alta tecnología, donde la tela sonora, el objeto musical, se hiere, pinta y reconstruye con textura hiper realista, usando samplings de instrumentos reales, sólo elementos nobles (¿”reales”?) para generar sonido, aparatos electrónicos que generan tonos puros, instrumentos y tambores de verdad que se graban y solo se constituyen en ritmo y melodía en la pantalla del computador, cuando se les da forma.

(La música es hoy, más que nunca, un arte audiovisual).

Estéticamente, la música de NIN está basada en el pulso denso del ritmo urbano, de la máquina, del ruido de la rutina occidental diaria, de los problemas de fe y adaptación, de las preguntas inevitables para esquivar el tema de creer o no creer, cambiar o no cambiar, jugar o no jugar, querer o no querer, poder o no poder, huir o quedarse, seguir o parar. Es la música del odio, del miedo, pero también es la música del placer en la plena oscuridad.

Hay días en que no es fácil ser feliz. Algunos dicen que el mundo está ahí, para tomarlo. Pero ¿Qué pasa si yo más bien no quiero ser parte de él?.
Nada, no pasa nada.
Esta es una sociedad que valora el determinismo. Es el corazón del libre mercado. Una civilización obsesionada por sus propias fallas. Las busca, las inventa. Parece disfrutar ver al que cae.
¿De qué trata la prensa rosa si no es de necrofilia? ¿De fagocitar restos humanos como buitres merendando en vivo y en directo?.

Es ahí, en lo peor del contrato social, donde la música de gente como Trent Reznor cobra sentido.

Necesitamos ver el borde. Nos hace sentir que toda existencia, por miserable que parezca, merece ser vivida. Algunos prefieren hacerlo desde la comodidad de su sillón, sin mezclarse, tras el cristal.
Son los que disfrutan de la farándula, el periodismo misógino, el goce clasista, la pequeña hipocresía nuestra de cada día.

Otros se arriesgan y miran más allá.

(Escuchan discos de Nine Inch Nails.)

9 de septiembre de 2008

26 de agosto de 2008

Rápido antes de llorar: Por qué Bertoni no ganó el Nacional.


En mi humilde pero intenso puñado de años ejerciendo la crítica de música, aprendí que un mal crítico no evidencia tanto su incompetencia en lo que alaba, como en lo que desprecia y lo que ignora.

Pienso en esto mientras lamento la pelotudez supina del jurado del Premio Nacional de Literatura de este año, al negarle el premio a Claudio Bertoni, y dárselo a Efraín Barquero, un poeta del remedo nerudiano, del tributo mistraliano, del lugar común y la cultura pre televisiva, en suma, un poeta de verso bonito pero irritantemente demodé, que ni siquiera está interesado en venir a recibir dicha "afrenta".

¿De que hablamos cuando hablamos de literatura en el siglo XXI? ¿Es atingente ignorar que vivimos en plena Era de la imagen fraguada, intencionada y procesada, del sobre estímulo, de la polidestreza del lenguaje?.

La elite es incapaz de observar lo que pasa en el arte hoy, incapaz de sacudirse hollín de una realidad que se consumió antes que triunfara la TV, antes que la vida cotidiana se volviera digital, mucho antes que los hippies y los punks tuvieran la ocasión de romper el estancamiento.

Es obvio que la obra de Claudio Bertoni - poeta, fotógrafo, músico, artista visual, maestro del haiku achilenado, de la frase corta y el verbo pedestre, de la liberación del erotismo y la obscenidad nuestra de cada día - está vigente, viva y en uso por los lectores modernos. La de Barquero no.

Esto, por un momento, me parece una máquina del tiempo que nos secuestra hacia aquellos días en que Violeta Parra y luego Víctor Jara tuvieron que luchar a brazo partido por la sobrevivencia del folclor chileno, cuando la institución lo veía como una pieza de museo inerte y pretérita, que debía admirarse pero no tocarse, que debía citar a lo clásico y a lo inofensivo, pero no levantarse con voz propia y tomar el derecho a existir y comentar en lo contemporáneo.

Mal. Muy mal. Bertoni se merecía esa pensión vitalicia y ese reconocimiento.
Pero prefiero ser constructivo. Después de todo, no es tan infértil la ignorancia de la autoridad vigente. Bertoni sigue allí, libre como una pulga de mar en la arena de Concón, y la decadentosa (y reducidísima) élite cultural chilena ha dado un paso adelante en su despedida de la vigencia.

7 de agosto de 2008

abejaenelojo

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4 de agosto de 2008

La canción del año.

La galesa Duffy NO es la versión "chica buena" de la Winehouse. Partamos por aclarar eso. Otra cosa más: En la nota que acompaña esta actuación la comparan con Dusty Springfield, Sandy Shaw y Lulú, pero tengo la sensación de que la estética del neo soul no tiene tanto que ver con personajes en particular, como con el mood y la textura de una época. Por último, que esta canción tenga una desprejuiciada cita a Stand By Me de Leiber y Stoller en la introducción no me huele para nada a casualidad. Es Motown lo que alimenta toda esta nueva onda.
And I Just Love It, la dura.

En esta versión queda claro, además, que una buena canción debería siempre defenderse sola, aún si la desnudas al máximo.
Con ustedes, mi candidata a canción del año: "Mercy".

17 de julio de 2008

El que parte reparte una parte de si en todos los que quedamos acá.

Este es un ensayo del Ballet de Santiago junto a Los Tres, con la canción "El sueño de la hora más oscura".
Comparto esto pensando en mi abuelo, don Julio Muñoz Henríquez, imprentero, rotario, masón e incrédulo rematado. Me enseñó a explorar las rocas de Isla Negra, que nunca hay solo una forma de enfocar las opiniones, que la vida hay que vivirla como se siente y que la música se escucha a buen volumen.

Esta es mi manera de darle gracias por eso.

11 de julio de 2008

La nueva de Tricky

Me gusta la textura invernal de este video. Es la nueva de Tricky. Especialmente me gusta la escena del labial en el espejo. Muy Digital Camera todo. Cool. Es lo que se lleva.



Acá está tocando la misma en el show de Jools Holland, en mayo pasado.

10 de julio de 2008

Esas mañanas.



Hay días, cuando todo parece yermo, en que pasa una canción a mi lado por casualidad y me acuerdo de todas las veces en que el rock & roll me salvó.
¿De qué? No sé.

Esta canción era un track oculto al final del primer disco solista de Jorge González. Es de esas que a uno le dan ganas de haber escrito.
No sé si esta performance es especialmente inspirada, pero es es el mejor registro que conozco de ella hasta el momento.